
Figura 1. La Campa Torres (Gijón/Xixón, Asturias), 2) Santa María do Castro (Cervantes, Lugo, Galicia) y 3) Las Pedreiras (Lago, Carucedo, León). Imagen elaborada por: Grupo de investigación EST-AP.
El contexto histórico-cultural del Noroeste y su cerámica
El noroeste de la península ibérica cuenta con una extensa tradición de estudios desde los siglos XVIII y XIX, incluyendo las primeras excavaciones, desarrolladas como parte de una curiosidad erudita por conocer el pasado, sobre todo a partir de hitos visibles como los castros o los megalitos. A partir de mediados del siglo XX se acrecentó el interés por comprender las transformaciones en la configuración social de los pueblos indígenas a lo largo del tiempo y, en especial, los cambios y el impacto que tuvieron los contactos y la conquista romana del territorio en las comunidades locales. Desde entonces, se han planteado numerosas interpretaciones con el fin de comprender diacrónicamente las estructuras sociales, la organización territorial, económica y cultural de estas sociedades antes y después de la conquista de Roma. Sobre estos temas, nuestro grupo de investigación ha trabajado ampliamente.
Por su parte, el estudio de la producción cerámica y de las distintas tradiciones alfareras también ha atravesado varias etapas en su investigación. En comparación con otros elementos de la cultura material del Noroeste (y occidente europeo en general), como los castros o la orfebrería, la cerámica ha sido escasamente abordada, especialmente las producciones locales y asociadas a un uso doméstico y cotidiano, estéticamente poco singulares. La ausencia de un registro funerario y la imposibilidad de relacionar claramente ciertos tipos de vasijas con zonas de culto, rituales o con aspectos simbólicos, han agudizado esta situación.
Y si bien este vacío progresivamente va desapareciendo, el estudio cerámico se enfrenta a múltiples problemas: los condicionantes historiográficos (entre ellos la idea imperante de una romanización tardía y débil en el Noroeste), los trabajos excesivamente apegados a la materialidad de los restos y su descripción, la falta de información sobre los contextos o los propios intereses académicos y científicos, alejados muchas veces del estudio de unos materiales considerados, en general, poco significativos. Esto ha supuesto que cuestiones como la periodización de las cerámicas permanezcan abiertas y con unos datos en muchos casos sesgados. A ello se suma la tendencia que presentan las cerámicas de estos contextos a una heterogeneidad en sus formas y aspectos y su amplia diversidad regional.
Desde finales de la década de 1970, una serie de trabajos monográficos y estudios a nivel local y regional están permitiendo profundizar en los repertorios cerámicos a lo largo del periodo abordado. Destacan estudios sobre asentamientos (como el castro de Viladonga en Lugo, el Chao Sanmartín y Coaña en Asturias o la Corona y el Castro de Corporales en León), sobre zonas geográficas definidas (el entorno lucense, las cuencas fluviales del Miño, alto Sil, Navia o el Duerna, la Zona Arqueológica de Las Médulas, entre otras) o trabajos de síntesis sobre determinadas manufacturas cerámicas (las importaciones mediterráneas, ciertas formas del ámbito castreño o producciones romanas como la terra sigillata, las ánforas o las paredes finas). Todo ello está posibilitando una actualización y una visión contextual de las producciones cerámicas. En este proyecto, la materialidad se aborda con una perspectiva amplia e interdisciplinar, incidiendo en aspectos económicos, sociales y culturales, más allá de los objetos y superando la fijación por las clasificaciones estancas y seriaciones crono-tipológicas.

Figura 2. Fragmento de barro o argamasa. El estudio realizado con lupa binocular de varios aumentos de la sección (1, 3) y de la superficie (2) junto con el microscopio petrográfico (4) revela detalles sobre la composición mineral y la micro-morfología de las fábricas. El análisis ha sido realizado en el Laboratorio de Arqueometría de Universidad de Granada. Imagen elaborada por: Grupo de investigación EST-AP.
Los yacimientos estudiados
La Campa Torres es el yacimiento más conocido de la costa central cantábrica. El poblamiento antiguo se extiende por el extremo septentrional del cabo Torres, que cierra por el oeste la bahía de Gijón (fig. 1.1). De acuerdo con los datos de las excavaciones dirigidas por J. L. Maya y F. Cuesta, su origen se remonta a los siglos VI-V a.C. El castro prerromano se ubicó en la parte más alta y protegida, delimitado al sur por un sistema defensivo con foso, contrafoso y muralla de módulos. Se ha documentado también una ocupación de la zona más septentrional (La Llanada), con una importante fase altoimperial, sobre evidencias de actividad prerromana. A principios del siglo III d.C. se despobló el núcleo. Las muestras cerámicas que se han seleccionado para este estudio proceden de la última intervención arqueológica realizada en 2023-24, con motivo de las obras de acondicionamiento y drenaje del área de La Llanada (CAMPA II)[2].
El segundo yacimiento considerado es Santa María do Castro, en Cervantes (fig. 1.2), un castro lucense en la sierra de Os Ancares y próximo al río de Quindous, en una zona que fue intensamente explotada para la extracción de oro en los siglos I-II d.C. Su excavación se realizó entre 1995 y 1999[3]. Se constató la existencia de un hábitat de morfología castreña, cuyo origen hay que situar ya en un contexto de contacto con Roma y que estuvo en plena actividad hasta el siglo II d.C., cuando se remodelaron sectores del poblado. Se trataba de una comunidad indígena, integrada en la órbita y estrategia de control territorial romana, coincidiendo con el periodo de mayor actividad minera en el alto Navia. La muestra cerámica ha sido seleccionada de niveles tanto de los espacios domésticos, como del exterior de las casas.
El tercer asentamiento se ubica en la comarca leonesa de El Bierzo. Se trata de la domus altoimperial de Las Pedreiras (Lago, Carucedo) (fig. 1.3), que en realidad forma parte de un más extenso yacimiento (El Outeiro-Las Pedreiras), en la Zona Arqueológica de Las Médulas. Fue excavada en los 1990 bajo la dirección de F. J. Sánchez-Palencia (EST-AP, IH, CSIC). Se trata de una casa romana, organizada en torno a patios. A uno de ellos, porticado y con una fuente, se abrían las dependencias residenciales, algunas de ellas con pintura mural. Junto a cerámicas romanas de distinto tipo, se identificó un pequeño conjunto de cerámicas de tradición indígena, que es el que se ha muestreado para este estudio. Esta domus es un buen ejemplo de la implantación de modelos arquitectónicos y decorativos romanos y la adopción de ajuares domésticos y prácticas. Resulta por ello interesante evaluar el papel en ellos de las producciones locales.

Figura 3. Fragmento (1) de borde decorado junto a su reconstrucción del castro de Coaña (Asturias), con un motivo en espiga muy similar al fragmento (2) de La Campa Torres (modificado a partir de Maya y Cuesta, 2001: 217). En esta lámina se incluye también un fragmento (3) con decoración excisa del castro de Cabo Blanco (Asturias) y el detalle (4) de una muy profusa decoración plástica y espatulado de Santa María do Castro (Cervantes, Lugo, Galicia). Imagen elaborada por: Grupo de investigación EST-AP.
La cerámica de tradición indígena. Metodología, técnicas y objetivos.
Los análisis geo-químicos realizados forman parte de una investigación más amplia para el estudio de las producciones cerámicas. Con el fin de tener una muestra representativa, se han seleccionado fragmentos asociados a distintas producciones y momentos. Así, las cerámicas de La Campa Torres corresponden a la fase prerromana. También se han seleccionado fragmentos de arcilla seca o cocida (posiblemente material constructivo), con el fin de obtener muestras de barro local del propio asentamiento (fig. 2).
Durante la Edad del Hierro, las cerámicas se caracterizan por ser formas abiertas (ollas, cazuelas y tinajas de múltiples formas y tamaños), destinadas a preparar, cocinar, almacenar y transportar los alimentos. También hay vajilla que se viene considerando de mesa: ollitas, cuencos, tazas y jarritas. Predominan vasijas con cocciones reductoras y mixtas, superficies alisadas, espatuladas y bruñidas con acabados brillantes son características de este período, así como decoraciones incisas, patrones geométricos, decoraciones plásticas o reticulados bruñidos (fig. 3). Son el resultado de una tradición alfarera muy rica que se desarrolló a través de redes de reciprocidad y contactos en el intercambio de estilos, técnicas y conocimientos.
Respecto a las producciones que se dan en contextos próximos al cambio de Era y en adelante, actualmente hay cierto consenso en considerarlas cerámica de tradición indígena (también denominada cerámica “astur” o “galaico-romana”, según su distribución geográfica). A este conjunto pertenecen los materiales seleccionados de Santa María do Castro y de Las Pedreiras. Durante este período, las formas, tipologías y posiblemente las funcionalidades de las cerámicas cambian y se diversifican. Aparecen en los asentamientos cada vez más fuentes, platos, jarras y jarritas o cazuelas, con rasgos que perviven de la tradición alfarera prerromana, junto a elementos como las decoraciones estampilladas, impresiones y una estandarización de la retícula bruñida. Estos materiales aparecen junto a otros típicamente romanos, como morteros, jarras, botellas, cerámica de paredes finas, terra sigillata, ánforas, así como otros elementos del menaje doméstico (lucernas, ungüentarios o vidrio).
La caracterización de las muestras parte de técnicas para el estudio de las macrotrazas, análisis mineralógicos y análisis micro-texturales. En una primera fase se han observado las particularidades petrográficas[4], permitiendo establecer una clasificación preliminar y caracterizar las técnicas de manufactura y uso de los recipientes, a través de las huellas de modelado, marcas de herramientas y acabados superficiales, así como de la erosión y los procesos post-deposicionales.
Después, se han caracterizado mineralógicamente las vasijas, para determinar los componentes minerales de la matriz arcillosa con difracción de rayos X (DRX). Esta técnica aporta información de la microestructura de los componentes inorgánicos que conforman la pasta de la cerámica, permitiendo ver qué tipo de inclastos y/o desgrasantes están siendo empleados en su elaboración y su aspecto (fig. 4).
Los análisis de carácter geo-químico mediante fluorescencia de rayos X (pFRX) permiten ver la estructura atómica: cuáles son los componentes mayoritarios, minoritarios y elementos traza que están presentes la matriz arcillosa. Estas técnicas son complementarias, permitiendo distinguir simetrías y asimetrías entre los elementos que componen las distintas vasijas y poder establecer posibles zonas de coherencia geológica con las arcillas. Además, gracias a la consistencia vítrea de la cerámica por las reacciones químicas durante el proceso de cocción, se puede determinar la temperatura estimada alcanzada. Finalmente, se ha utilizado un Microscopio Electrónico de Barrido (SEM) en fragmentos con posibles trazas de pigmentación o aguado.

Figura 4. Tres fragmentos (1-3) de cerámica identificada como de tradición indígena local o regional, procedentes de Santa María do Castro (Cervantes, Lugo) y sus correspondientes fotografías y micro-fotografías con lupa binocular de las superficies y microscopio petrográfico de la matriz arcillosa. Imagen elaborada por: Grupo de investigación EST-AP.
Comentarios finales
En esta investigación se incluyen otros asentamientos, como el castro marítimo de Cabo Blanco en Asturias (VIII a.C.-II d.C.), el Castro da Torre en Lugo (I-II d.C.) o la Corona de Quintanilla en León (I d.C.) [5]. El objetivo es comparar las distintas producciones, profundizar en los aspectos tecnológicos y valorar las escalas económicas y sociales de la producción alfarera. Partimos de que el proceso de desigualdad social entre las comunidades del Noroeste tuvo lugar ya a raíz de los primeros contactos con Roma y con mayor intensidad tras la anexión del territorio al Imperio, lo que supuso el fin de la cultura castreña. Estas producciones cerámicas, lejos de ser pervivencias de un estilo de vida castreño impermeable a la conquista, resultan de un dilatado proceso de drásticos cambios y de integración de las comunidades locales en el nuevo orden bajo el poder hegemónico de Roma.
Este trabajo permitirá reflexionar sobre la idea de que la cerámica de tradición indígena se produjo en época altoimperial no de forma aislada, sino como parte de complejas dinámicas entre las comunidades sometidas y las redes romanas. La producción local responde a nuevas formas de fabricar, consumir y usar la cerámica. Estudios como este muestran la complejidad de las interacciones entre Roma y las provincias, además de contribuir al análisis de los cambios y pervivencias desde la alfarería castreña, hasta los procesos de fabricación en las nuevas estructuras de producción. Todo ello refleja, también, desigualdades sociales, en particular la formación de una emergente élite local. El estudio de la materialidad arqueológica debe entenderse de forma amplia, transversal y contextualizada. Sólo así se podrá avanzar en el conocimiento sobre los diversos procesos que afectaron a la alfarería como práctica en un contexto social preciso, su vínculo con el paisaje, los recursos naturales y su desarrollo en el tiempo.
Notas
[1] Este trabajo se realiza gracias a la ayuda de la Fundación Palarq, convocatoria de analíticas 2024-2025. Esta contribución es parte del proyecto de I+D+i PID2023-151203NB-I00, financiado por MCIN/AEI /10.13039/501100011033 /10.13039/501100011033. “El impacto de la economía imperial romana en las economías locales hispanas: metales preciosos, recursos de la tierra y del mar, mercados (II a.C.- II d.C.). IMPAC, cuyas IP son las Dras. Inés Sastre y Almudena Orejas (EST-AP, IH, CSIC). También se inscribe dentro del PIE 202410E064 “Paisajes y territorios: arqueología y patrimonio en el noroeste peninsular (PATEAR)”, cuya IP es la Dra. Almudena Orejas. Ha sido esencial la colaboración con el Dr. Alberto Dorado (UGR) y con el Centro de Instrumentación Científica (UGR), donde se han llevado a cabo los análisis e interpretaciones de los resultados (aún en proceso).
[2] El Proyecto CAMPA está promovido por el Ayuntamiento de Gijón/Xixón, y cuenta con el asesoramiento científico y la colaboración del Instituto de Historia del CSIC y la Universidad de Oviedo. La fase II se realizó a partir de un proyecto aprobado por el Consejo del Patrimonio Cultural de Asturias en mayo de 2021. Para su ejecución se contó con una subvención del Programa 1,5% Cultural del Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana que cubrió una parte de los gastos, asumiendo los restantes el Ayuntamiento de Gijón. La dirección del proyecto corrió a cargo de Miguel Ángel López Marcos, arqueólogo y restaurador, y la dirección científica fue asumida por Almudena Orejas Saco del Valle (IH-CSIC) y Fernando Rodríguez del Cueto (Universidad de Oviedo). Por parte del Ayuntamiento de Gijón, coordinaron los trabajos los arqueólogos Rubén Montes y Paloma García que fueron ejecutados por Desarrolla S.L.y TerraArqueos S.L.
[3] Financiada por la Xunta de Galicia y ejecutada por TerraArqueos S.L.
[4] Para el análisis petrográfico a través de lupa binocular se han hecho láminas delgadas de 1-4 cm de largo, gracias al Servicio General de Apoyo a la Investigación-SAI (Universidad de Zaragoza), conservándose el resto del fragmento y en algunos casos recubriéndose con resina epoxi, dejando descubierta su sección para su uso en los análisis de DRX y pFRX. Para esto, se ha pulverizado entre 100 mg y 2 gr de materia por muestra.
[5] Este trabajo se realiza con el apoyo y colaboración de diversas instituciones y equipos de trabajo sin los cuales no haría sido posible su realización:la Red de Arqueología del CSIC (ArchaeoHub CSIC) que financió el trabajo de documentación de los materiales, gracias a su convocatoria interna de ayudas 2022; los museos en los que se hallan depositados los materiales y los arqueólogos responsables de las excavaciones de los yacimientos tratados: el Museo Provincial de Lugo, con su directora Aurelia Balseiro y su equipo, los Museos Arqueológicos de Gijón, con su directora Paloma García y Rubén Montes, Yolanda Álvarez y Luis F. López (Terra Arqueos), Enrique Alcorta, Roberto Bartolomé y Rubén Rubio, entre otras personas.


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